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  • Sandra Mendizábal

Reflexionando sobre el motor de la filantropía

Por Rodrigo Rivadeneira, co-fundador de Dona.pe


Hace unos días, me encontré a mí mismo esperando en la cola para entrar a un supermercado. En las afueras de este, había ambulantes vendiendo lo que podían y algunos solamente pidiendo limosna. Dos cosas me asombraron: la aparente normalidad de este suceso y, lo segundo, mi propio cinismo al sonreír incómodamente mientras decía “No gracias” casi sin mirarlos a los ojos ¿Somos empáticos con las necesidades de estas personas o hemos normalizado por completo nuestra indiferencia?


De hecho, somos empáticos con las necesidades, pero es sobre todo en tiempos de crisis y no tanto en nuestra cotidianidad. Empatía y necesidad son palabras que resuenan cada vez que hablamos sobre filantropía. Desastres naturales como el Fenómeno del Niño Costero, el terremoto del 2007 en Pisco o la actual crisis sanitaria pueden hablar sobre lo bien que los peruanos sabemos reaccionar en el corto plazo ante problemas urgentes. La literatura académica (Kovács and Spens, 2007), nos habla del ciclo de logística humanitaria: prevención de desastres, manejo de crisis y recuperación a largo plazo. Los peruanos ya hemos desarrollado buenas respuestas a la segunda fase, pero tenemos aún dos por conquistar: la prevención y la reconstrucción.


Pasada la actual crisis las necesidades de todos los afectados van a seguir ahí, van a seguir existiendo grupos vulnerables que no tienen qué comer, va a haber personas sin un techo, perros en la calle, etc. Sin embargo, muchas organizaciones, como Dona.pe, buscan todos los días formas de lograr un cambio, organizaciones que trabajaban desde antes de la crisis y seguirán trabajando más allá de la misma. Nuestro objetivo siempre ha sido proveer una plataforma para articular esfuerzos y permitirle a todos los ciudadanos sentirse tranquilos de aportar su granito de arena a estas múltiples causas que trabajan todos los días por nuestro país. Pero nuestra tarea está todavía lejos de ser lo que queremos.


Iniciamos como un portal para dar visibilidad a la ONGs que conocíamos. Algo así como un Instagram con causas. Mudamos a poder efectivamente hablar con las causas y saber sus necesidades. De ese modo, empezamos a recaudar dinero y junto con esto último también logramos co-crear canastas de ayuda junto con nuestros aliados para poder proveerles exactamente lo que necesitaban para seguir cumpliendo su noble visión. Actualmente, el modelo funciona pero quisiéramos ir un paso más allá. Nuestra aspiración es organizar una nueva clase de filantropía junto con nuestros donantes. Ser el principal punto de apoyo de personas y organizaciones que busquen generar un impacto positivo medible y relevante en su país. Y construir esto con miras al cambio que queremos generar: ir a los problemas estructurales por nuestros propios medios. Así como la fábula de Oliver Clerc sobre el síndrome de la rana hervida. Si se pone una rana en una olla de agua hirviendo, esta saltará inmediatamente. Pero si la ponemos en una olla con agua que lentamente se calienta, poco a poco, la rana ajustará su temperatura corporal, manteniéndose cómoda, hasta que el agua hierva y ya sea muy tarde para escapar. Tal cual nuestra ranita, no debemos esperar a la crisis para solucionar un síntoma sino proactivamente identificar los problemas y necesidades de nuestras poblaciones vulnerables, antes de que los problemas crezcan sin control.


Lo que es tarea de todos, es darnos cuenta de que siempre existen necesidades y, a pesar de que la ayuda siempre es positiva, no se trata solo de dar. Nos enfrentarnos a una realidad bajo un paradigma roto. Tal como el motor cambió la forma en que se pensaba el transporte, el internet la forma en la que se pensaba la comunicación y la automatización la forma en la que se planteaba la producción. Estamos ante un nuevo cambio de paradigma, no guiado por avances tecnológicos, sino humanos. Considero, y puedo estar equivocado, que nos toca pasar a un nuevo motor humanitario. Cambiar el chip de donar, comprar o dar dinero a compartir. Este es el nuevo avance que nos toca desarrollar como peruanos. Ver al otro como mi par y reconocer por mí mismo sus necesidades, antes que verlo como a uno más del montón a quien saludar y decir “No, gracias”.


En ese mismo paso estamos junto con Dona.pe. Iniciando este proceso para poder reconocer las necesidades de otros peruanos, mientras damos la posibilidad a más personas de sumar su granito de arena, con miras al desarrollo del país y de la mano de todos nuestros aliados. Tal como me enseñó Puertas de Emergencia hace unos años, no se trata de dar sino de compartir.


Bibliografía

- Clerc, O. (2008). La rana que no sabía que estaba hervida y otras lecciones de vida. Maeva.

- Kovács, G., & Spens, K. M. (2007). Humanitarian logistics in disaster relief operations. International Journal of Physical Distribution & Logistics Management, 37(2), 99–114.



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